No empezamos con un plan de negocios. Empezamos con un pedazo de tierra agotada — y el deseo de devolverle la vida.
En 2006, este era un campo abandonado. Mi papá y yo comenzamos a plantar árboles, sin saber qué iba a pasar. De a poco, volvió la selva. Volvieron los animales. Y con ellos, una idea:
¿Y si pudiéramos proteger este lugar, vivir en armonía con él, y compartirlo con otros?
Así nació Cielo Ranch Reserve.